Lo que en un momento nos parece perfecto, con el paso del tiempo, puede no serlo. Quizá entendamos que no era tan perfecto, y aunque lo hemos perdido, nadie dice que no podamos volver a encontrarlo, o incluso encontrar algo mejor.


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martes, 12 de julio de 2011

El banco del parque

Y de repente pasas por ese parque, el parque de siempre, vuestro parque. Y te vuelves a acordar de el. Y ves el banco, vuestro banco. Ese, el que esta todo pintado y rayado con fechas y nombres que nadie sabe quien los puso ahí, ni te importa. Y te acuerdas de que en ese banco, entre esas fechas y nombres cada uno de diferente color y tamaño, deben estar vuestros nombres y vuestra fecha, de color blanco en pequeñito, en una esquinita. Letras y números insignificantes para el resto del mundo pero tan especiales para ti que hacen que le recuerdes. Que recuerdes todas esas tardes allí sentados en ese banco. Donde os besabais, te tocaba el pelo suavemente, te acariciaba y te decía cosas para que te picases y luego darte un beso para que no te enfadases de verdad. Pero bueno, pasas por ese parque, pero solo eso. Solo pasas. Sigues caminando y no te giras. Por que ya no hay nada entre vosotros, ya esa fecha no une esos dos nombres del banco del parque. Ya no es vuestro parque, ni vuestro banco y algún día la lluvia y el tiempo borraran esa fecha y esos nombres. Y esperas que al llevarse la tinta de ese tipex con el que están escritos, se lleve también ese trocito de tu corazón donde sigue él.

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